Hace ya dos años, cuando tenia 16, Julián empezó a subir, una vez por semana o semana y media, algún que otro vídeo: en las imágenes aparece él, entonces más aniñado, más delgado y con una voz dos tonos más alto que el actual, que no es por eso demasiado grave.
¿Qué hace Julián? monologa, en clave humorística si se quiere, abusando a menudo de palabras fuertes, con expresiones que reciben tanto adhesiones, con declaraciones de amor e invitaciones concretas incluidas; como decididos rechazos, con insultos e invitaciones de otro tipo, nada amigables. Lo que es indiscutible es su popularidad, su capacidad histriónica y un impactante conocimiento del lenguaje audiovisual, que entre otras cosas acentúa el valor de la herramienta por estos días.
El pibe edita como un profesional con los materiales a mano y en sus "pastillas" incluye notas de tevé, sobreimpresos pertinentes, citas y un recurso que maneja a la perfección: representa dos personajes al mismo tiempo con gracia y frescura. Julián también ha hecho karaokes, incluso con la colaboración de su hermana Yolanda, algún paso de baile y se ha metido en temas que después le cuestan explicaciones.
Pero ahí está él, con 18 años ahora, paranaense, a punto de comenzar la carrera de psicología en la Universidad Autónoma de Entre Ríos, luego de finalizar la secundaria en el Cristo Redentor, cosechando todos los días decenas de fans en las redes sociales.
Para cuantificar el fenómeno vale decir que en la Argentina no hay tantos vloggers con su nivel de popularidad, posiblemente sólo uno: Bross. "Pero es otra cosa, él tiene 28 años", diferencia de Julián.
Serrano, Julián Serrano, así su nombre completo, tiene más de una docena de cuentas de Facebook que figuran con su nombre y solo una que maneja él: una de ellas, la que aparece en primer término, cuenta con más de 120 mil amigos, otra más de 50 mil, otra más de 30 mil. En Twitter lo siguen más de 152 mil personas y con ese número está cabeza a cabeza en seguidores, por ejemplo, con Valeria Mazza. A demás, el chico tiene un canal en YouTube,-por eso también se lo denomina youtubber-, con más de 56 mil seguidores subscriptos y sus vídeos, buena parte de ellos, ya han sido vistos por más de un millón y medio de personas.
La explosión de popularidad tiene consecuencias buenas y malas, acepta el chico en diálogo con EL DIARIO. Una buena es, por ejemplo, que recibe invitaciones de boliches de diferentes partes del país para presentarse todos los fines de semana. "Voy y hago acto de presencia, me saco fotos, me suben al escenario, hago una especie de show acompañado por algunos amigos, porque sólo lo hago con amigos y listo", resume Julián. Así lo hizo, por ejemplo, en Olavarría ante dos mil personas, pero también en Córdoba, Santa Fé y Buenos Aires.
"Mi papá mira los vídeos y todo bien, a mi mamá le da como bastante miedo", admite. Para él, en tanto, no es más que un hobby, aunque despierte afiebrados comentarios de adolescentes enamoradas. De hecho, acepta, la popularidad lo ha ayudado sobre manera en ese sentido. En otro, ha sido más difícil: "Me he tenido que ir de algunos lugares con mis amigos, porque me reconoce un grupo y me empieza a seguir y no está bueno", dice Julián, tan enérgico como lacónico.



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